Además de su reconocida labor política en los Estados Unidos, el polifacético Benjamin Franklin (1706 – 1790) inició su formación como impresor a los doce años, lo que se le atribuye, a su muerte, uno de los epitafios más curiosos de la historia junto con el de otros personajes ilustres.
En él, según menciona Enric Satué en su libro “El diseño gráfico: desde los orígenes hasta nuestros días” compara la trayectoria de su vida con la edición de un libro:
“El cuerpo
de
Benjamin Franklin,
impresor,
parecido a la cubierta de un viejo libro
privado de su contenido
y
despojado de su título
y de su dorado,
descansa aquí, pasto de los gusanos,
pero
no se perderá la obra,
pues (según él mismo creía)
reaparecerá
en una nueva
y más elegante edición
revisada y corregida
por
El Autor”